Las mujeres se ven obligadas a reajustar su vida para asumir los cuidados de los menores

Cómo han resulto las familias el cuidado de los menores en los momentos de confinamiento y cuarentena.

Con el confinamiento y las posteriores cuarentenas, una de las preocupaciones que han tenido las familias ha sido la relativa al cuidado de la infancia y adolescencia. En este periodo estival en el que las vacaciones escolares hacen más apremiante la cuestión de los cuidados de niños y niñas, la Fundación Foessa pone ahí el foco para observar si se han superado los roles tradicionales con una mayor implicación por parte de los hombres en el cuidado de hijos e hijas o si, por el contrario, las necesidades de cuidado han alejado más a las mujeres del entorno laboral fuera del hogar para devolverlas a ese rol de principal cuidadora.

Los estudios coinciden en señalar que los costes de los reajustes familiares han sido asumidos mayoritariamente por las mujeres, especialmente en el ámbito del trabajo remunerado. Ellas presentan una mayor probabilidad de haber perdido el empleo de forma temporal o definitiva o de trabajar menos horas que antes de la pandemia (Collins et al. 2021, Hipp y Bünning, 2021).

A partir de datos de la EINSFOESSA se desarrolla el siguiente gráfico, en el que vemos qué estrategias han seguido los hogares para cuidar de las y los menores de 15 años, edad a la que se consensuó entre los investigadores que ya no es tan necesaria la presencia de los progenitores. En este análisis se presta atención tanto a los hogares biparentales como a los hogares monoparentales, encabezados en su mayoría por mujeres.

Cómo han resuelto los hogares el cuidado de los menores de 15 años en los momentos de confinamiento y/o cuarentena por COVID-19, según tipo de hogar: España (2021)

Hogares biparentales

En el caso de los hogares biparentales, el desempleo de la madre ha hecho que sea ella la principal cuidadora en más de 3 de cada 10 hogares, y la situación de que el padre no se encuentre ocupado ha facilitado estos cuidados en más del 20% de hogares. Esto ya nos indica que las madres están desocupadas en mayor medida que los padres. Sin embargo, ¿Qué pasa cuando no hay estas situaciones en las que la decisión, de alguna manera, viene tomada?

Vemos que el teletrabajo ha sido una gran ayuda, no habiendo gran diferencia en el acceso a esta fórmula según género. Como ya sabemos, la característica que más influye sobre la posibilidad del teletrabajo es el nivel de estudios. Sin embargo, sí vemos cómo se han dado más renuncias al trabajo y reducciones de jornada entre las madres que entre los padres.

La importancia de la red social para el cuidado de los y las menores de edad es evidente: más del 15% de hogares han recurrido a ella. Podemos hipotetizar que al ser abuelos y abuelas quienes principalmente cuidan a la infancia, y que esta ha sido una crisis cuyo origen era de carácter sanitario, este porcentaje hubiera podido ser mayor si la COVID-19 no hubiera afectado con más fuerza a la gente de edad más avanzada. No obstante, se trata de una hipótesis.

Hogares monoparentales

Las dificultades son mayores cuando el hogar es monoparental, hogares encabezados principalmente por mujeres. En parte debido a esto, los porcentajes de reducción de jornada y de renuncia al empleo son mucho más altos entre ellas. En el caso del teletrabajo ocurre lo mismo, mientras que en los hogares biparentales hay un mayor equilibrio entre madres y padres, aunque, como ya decíamos, la variable género es aquí menos importante que la de nivel de estudios.

Hay también un nivel de desocupación mucho más elevado, y una necesidad mucho mayor de la red social para poder cuidar a la infancia al haber solo una persona adulta de referencia. En este sentido cabe reflexionar sobre la importancia que la gente de nuestro alrededor tiene para facilitar la crianza, tanto en lo relativo al cuidado de la infancia para compatibilizar la pa/maternidad con el trabajo, para situaciones de urgencia o necesidad, pero también para presentar en el día a día a los y las más pequeñas otras formas de hacer, ser y vivir, mostrarles cómo hacer comunidad, y que sientan que su hogar puede expandirse más allá del lugar seguro que es –o debería ser- la familia y el hogar.

A todo lo visto se suma la falta de apoyos públicos para la familia en general, para la crianza y el cuidado de niños y niñas en particular. Apoyos que deben ir más allá de las vacaciones escolares, pero que suponen una dificultad extra en estos periodos en los que los centros educativos permanecen cerrados, obligando a padres y madres a hacer malabarismos entre el trabajo, las redes de apoyo y los cuidados, que puede llegar a generar renuncias al empleo, reducciones de jornada o peticiones de excedencias para cubrir las necesidades familiares no compatibles con el mercado de trabajo, con las consecuencias que esto puede tener sobre la salud emocional de las personas de referencia del hogar.

La pobreza tiene rosto de mujer en Canarias

Según la Memoria anual de Cáritas Diocesana de Canarias, el 63% de las personas que acuden en busca de algún tipo de ayuda son mujeres con edades entre 40 y 59 años. Hay que tener en cuenta que 8 de cada diez hogares que acoge la institución son monoparentales, sostenidos por una mujer sola, con menores a su cargo.

Durante 2021 Cáritas Diocesana de Canarias se encontró con rostros de mujeres solas, abandonadas, empobrecidas, que han tenido que sacar sus hogares adelante después de perderlo todo. Rostros de mujer en el ámbito de la prostitución a las que la pandemia dejó en la cuneta, pero donde también está viva la promoción y la denuncia.

En el ámbito de las mujeres en contexto de prostitución en el que Cáritas Diocesana de Canarias trabaja a través de su proyecto Centro Lugo, se ha observado en el último año un incremento del 114% en la detección de mujeres atendidas en por la institución víctimas de trata con fines de explotación sexual.

El 𝐩𝐫𝐨𝐲𝐞𝐜𝐭𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐂𝐞𝐧𝐭𝐫𝐨 𝐋𝐮𝐠𝐨 acoge y acompaña a mujeres en contexto de prostitución y víctimas de trata con fines de explotación sexual, fomentando la participación, el protagonismo de las mujeres y descubriendo sus potencialidades. Además de la atención en el centro, se realiza trabajo de calle, acercándose a las mujeres en los diferentes contextos de prostitución. En total, el pasado año se atendió a 678 personas en Gran Canaria desde el Centro Lugo.

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