Nuestro reconocimiento a las Hijas de la Caridad por su labor en la Casa Esperanza

En el 2016 el Proyecto Esperanza de Cáritas Diocesana de Canarias, cumplirá 25 años. Desde sus inicios y como todo proceso vivo ha ido evolucionando. Se han dado cambios, aprendizajes y crecimiento, fruto de las nuevas realidades personales y sociales que nos rodean y conforman.

En ese largo recorrido vital, y desde un recurso tan vivo y permeable como es la Comunidad Terapéutica “Casa Esperanza”,  las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul han estado presentes de manera activa. Desde sus inicios y durante más de veinticuatro años, hemos vivido y trabajado codo con codo, día a día, en esta obra.

Queremos valorar y agradecer el esfuerzo, el amor, el apoyo y la constancia de las Hijas de la Caridad, de las que están, de las que estuvieron y de las que ya no están con nosotros. Sabiendo del compromiso, la estima y la entrega que han tenido con nosotros y con lo que hacemos, entendemos que no debe de ser fácil dejar la presencia física en este proyecto. Y hablamos de presencia física, porque de alguna manera siempre estarán con nosotros.

Entendemos y valoramos el nivel de dificultad, el esfuerzo y la exigencia personal y profesional que requiere un servicio de estas características, en un lugar muy especial y en unas condiciones un tanto difíciles para las personas que lo conforman -una pequeña comunidad, formada por tres hermanas, en una ubicación peculiar.

Durante este tiempo hemos compartido en el día a día vivencias de todo tipo: alegrías, dificultades, momentos dolorosos, celebración, duelos, esperanza, fraternidad, compasión, congoja, hermandad, risas y lágrimas…

Sin lugar a dudas han sido un buque insigne en este proyecto y en Cáritas. Y como tal, reiteramos el valor y la gratitud de lo entregado y compartido, deseándoles “buen camino” y recordándoles que la puerta está y estará siempre abierta.

 

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