Francisco Cases, Obispo de la Diócesis de Canarias: «La grandeza y el poder de la Iglesia consisten en su capacidad real de cambiar los corazones de los hombres por el anuncio del Evangelio»

José Domínguez, Delegado Episcopal de Cáritas Diocesana de Canarias, cita y destaca algunas aportaciones de nuestro Obispo en la Homilía del Pino 2015.

 

NUESTRAS REALIDADES

«Venimos como todos los años en este día, conscientes de que tenemos por delante un curso nuevo, de estudios, de trabajos, de manos caídas en el desempleo, de buenos o malos tratos, de esperanzas, que deseamos ver cumplidas, o de sustos que tememos y quisiéramos evitar»

NUESTROS DOLORES

«Hay cosas que nos preocupan y nos duelen: la emigración, que es cada vez mayor; el paro, especialmente el de los jóvenes, porque anula a las personas y las rompe por dentro y por fuera; la familia; la misma Iglesia, tan cercana y tan distante a veces, tan comprometida y tan indiferente a veces, tan ferviente y firme en la fe y tan mundana y pecadora a veces…»

NUESTRAS METAS Y PODERES

«Les propongo con brevedad algunas metas de nuestro camino de conversión.»

«Convertirnos al Evangelio, convertirnos a la humildad y a la pequeñez, convertirnos a la misericordia, convertirnos a la alegría. Podríamos decir más o mejores metas, pero éstas han de servirnos, las necesitamos.»

«El verdadero poder no consiste en el dominio que se ejerce sobre el hombre o las cosas, sino en la capacidad de acabar con el mal que esclaviza el corazón humano.»

«María fue testigo único del poder de su Hijo, de la capacidad de Jesús para sanar, para cambiar los corazones de los hombres, y testigo único del modo de actuar de Dios para cambiar el corazón de los hombres: asumir sobre los propios hombros el mal que oprime a los hermanos.»

NUESTRA GRANDEZA Y NUESTRO COMPROMISO

«Es a esta grandeza y poder de Dios, la grandeza y el poder del Evangelio, a la que necesitamos convertirnos como creyentes. La grandeza y el poder de la Iglesia, de sus pastores y de sus comunidades consiste en su capacidad real de cambiar los corazones de los hombres por el anuncio del Evangelio, el servicio generoso, el testimonio de Jesús, el Siervo entregado.

La grandeza y el poder de los políticos, los empresarios, los economistas, los sabios de este mundo, consisten en su capacidad real de vencer el dominio de unos sobre otros y de crear justicia, fraternidad, igualdad y paz reales. El poder de este mundo, cuando es el poder de la soberbia y la riqueza, genera hambrientos, humillados, esas largas colas de emigrantes y refugiados, que huyen de la miseria, de la violencia de las bombas y del hambre, y tocan a la puerta de los países enriquecidos. Es necesario que se abran las puertas de nuestras vallas y muros, que la enriquecida y segura Europa sea una comunidad generosamente abierta.»

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