Sebastián Mora: «La minoría felíz frente a la mayoría expropiada es un escándalo»

Las desigualdades muestran de manera radical las profundas heridas de nuestro mundo. Que exista una minoría feliz amparada en tenaces discursos económicos, filosóficos e incluso teológicos frente a una mayoría expulsada y expropiada es un auténtico escándalo, como diría el papa Francisco: una grandísima vergüenza. La desigualdad silencia en su esencia los tres gritos esenciales de la humanidad. El clamor de la participación política, el gemido del dolor de los débiles y el susurro fracturado de la Creación.

 

La desigualdad opaca la participación democrática. La democracia queda secuestrada en los brazos del poder financiero, que está cada vez amasado en menos manos, y acaba convirtiéndose en pura táctica económica. La política se torna en gestión de las cosas y no en el gobierno soberano de las personas. La desigualdad inhibe la participación y oscurece la energía cívica.

Además, las desigualdades expulsan y expropian a los más débiles de un mínimo cuidado de la debilidad. El acceso a los bienes y servicios se convierten en privilegios de unos pocos y no en derechos humanos de las personas y los pueblos. Hace un tiempo me dijo una campesina salvadoreña que no temía a la pobreza pero le indignaba la desigualdad. Tenemos necesidad de un mundo más sencillo pero no a costa de unos pocos sino como opción de responsabilidad colectiva por los derechos de los empobrecidos.

Por último, la desigualdad potencia la corrosiva carrera del consumo indiscriminado. Tener más, producir más, competir más, expropiar más… acaba convirtiéndose en puñaladas heladas a nuestra hermana tierra. La fractura de la Creación se está tornando llaga incurable al corazón de la Madre Tierra (la PachaMama) que nos impide reconciliarnos con nuestra raíz.

La desigualdad es la manifestación patente de un mundo sin democracia y libertad (ausencia de derechos políticos y civiles), anclado en la globalización de la indiferencia y la cultura del descarte (inculcación sistemática de los derechos económicos y sociales) y es fotografía nítida de nuestro divorcio con la Creación (invisibilización de los derechos de tercera generación).

 

Nota: Documento extraído de la publicación Cuaresma 40 días últimos (http://40ultimos.org/?d=03-15)

 

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