D. José Ramón González Santana, nuevo Delegado Episcopal de Cáritas Diocesana de Canarias: “Mi vida no tiene sentido sin una entrega a los demás”

El pasado, 24 de mayo de 2021, festividad de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, el Obispo D. José Mazuelos nombra a Don José Ramón González Santana como Delegado Episcopal de Cáritas Diocesana de Canarias. El nuevo delegado, nace el 7 de febrero de 1970 en Las Palmas de Gran Canaria.  

Entre las funciones de un Delegado Episcopal, están las tareas de acompañamiento a los distintos agentes de Cáritas (en especial a los sacerdotes acompañantes de Cáritas en los Arciprestazgos), velar por la identidad cristiana de la acción sociocaritativa que se lleva a cabo en la Diócesis, entre otras. Para D. José Ramón, esta propuesta supuso todo un reto: “En cuanto me lo propuso, le dije que sí. Lo asumí con alegría, pero con miedo también. Mi impresión fue que pasé de una parcela pequeña, a una gran parcela de trabajo. Pero sé que esto lo lleva el Espíritu Santo y un equipo humano trabajando al pie del cañón y eso me ayuda a descansar”. 

El nuevo Delegado Episcopal reconoce que no siempre tuvo claro que su vida estuviera destinada al sacerdocio: “Yo siempre he tenido fe, lo he vivido en la familia. Marcando la experiencia de mi abuela, persona generosa, y siempre dispuesta ayudar a quien lo necesitara. Yo quería estudiar Medicina, pero terminé entrando en la Facultad de Empresariales, carrera que no terminé. Es estudiando esta carrera donde descubro que algo me falta”.  

D. José Ramón descubre su vocación en un grupo de vida, que se dejaba cuestionar por la Palabra de Dios y que estaba realizando su labor en distintos campos de trabajo: “Fue ahí, donde descubrí que mi vida no tenía sentido sin una entrega a los demás”.  

Antes de entrar al Seminario Diocesano de Canarias, con 23 años, colaboró con las Salesianas en el Polvorín, dando clases de apoyo en verano, y trabajando en los campos de trabajo con juventud e infancia. Apoyó las celebraciones de la eucaristía de los fines de semana en Instituciones Penitenciaria. Y tras entrar en el Seminario, los fines de semana, estuvo en tareas pastorales con jóvenes en Schamann y en Vecindario, y con la Cruz Blanca en Las Palmas. 

En diciembre de 1999 se ordenó Diácono y a los cuatro días recibió una llamada de Monseñor Ramón Echarren (Obispo de la Diócesis de Canarias entre 1978 y 2005) que le encomendó ser el párroco de la Parroquia de la Santa Cruz, en Miller Bajo, trabajando y con la ayuda de dos sacerdotes que le aportaron mucho a sus comienzos, D. Manuel Báez y D. Emilio Cuevas. “El Obispo confió en mí. Y tuve a dos buenos sacerdotes que me acompañaron, Don Manuel Báez, con el que cogí experiencia y rodaje, y Don Emilio Cuevas”. “Hay una cuestión” – reflexiona Don José Ramón -, uno sale del Seminario con tanta formación… Te quieres comer el mundo con la tarea pastoral, llevar toda la formación que has tenido en Teología y eso es un gran error. Hay que hacer síntesis teológica partiendo de la vida de una comunidad. Es cuando te tienes que acercar a la fe del pueblo, a sus vivencias y hacerles tocar a Dios desde su experiencia de vida”. 

Durante su labor como párroco en Miller Bajo, asumió la responsabilidad de arcipreste de San Vicente de Paúl (ahora llamado arciprestazgo de Las Rehoyas) y teniendo la capellanía del Hospital San Martín y, posteriormente, del Centro Sociosanitario del Sabinal. Experiencia que marcaron su vida, por cómo acercarse a las personas de estos dos centros, y ayudarles en la etapa de su vida.  Reconoce que el trabajo con las personas mayores resultó ser muy satisfactorio para él: “A mí me encantaba trabajar con los ancianos, me gustaba ser muy dinámico con ellos, la Eucaristía era una fiesta. Fue una experiencia muy bonita y yo me divertía mucho con ellos. También hubo momentos de dolor al ver gente morir”.

Con posterioridad es nombrado por Monseñor Francisco Cases como párroco de la Parroquia de Ntra. Sra. del Rosario de Fátima (El Batán), y dos años más tarde, asume también la Parroquia de San Roque. Dicha labor, la compaginó siendo capellán de Hospital Materno Infantil, experiencia que le marcó profundamente por lo que supone dicha labor y el trabajo con infancia y el mundo sanitario infantil. Acompañar a unos padres en su dolor, cuando sus hijos fallecen; niños que son héroes luchadores en Oncología, enseñaron al nuevo Delegado a afrontar con valentía la vida. Los niños “enseñan a los adultos, que la vida se afronta con una sonrisa, y confiando en un Dios que nunca abandona”. Deja su labor pastoral en el Materno Infantil en enero de 2013, D. Francisco Cases le nombra Ecónomo de la Diócesis de Canarias hasta el año 2019. El nuevo delegado afirma: “Los números te hablan para saber hacia dónde podemos ir, sirven para ayudar a las personas. Los balances que llegaban a las parroquias tenían rostros concretos, eran la comunidad parroquial”.

Cuando D. José Mazuelos, como nuevo Obispo de la Diócesis, le ofreció el puesto de Delegado Episcopal de Cáritas, no pudo decir que no. “El trabajo que hace Cáritas es inmenso. Dentro hay personas que acompañan a otras personas con vidas rotas. Hay situaciones muy complicadas. Cáritas apuesta por construir personas y eso es lo que más me apasiona. Siempre se busca la luz.  Sean de la religión que sean, de la cultura que sea… lo importante es la persona y uno reconoce en ello la Acción Social y Caritativa de la Iglesia. Me quito el sombrero ante el voluntariado y el equipo técnico”. 

“Agradezco la confianza que ha puesto la Iglesia Diocesana en mí y, en este caso, D. José Mazuelos. Es una confianza muy grande, pero no me pregunto por qué. Simplemente me voy a poner en camino y que sea Dios el que siga marcando la historia de mi vida. Quiero vivir el presente y el hoy de Cáritas”.   

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