Ponle cara. Nadie Sin Hogar.

Testimonio de Sergio

Mi vida, no es algo que me guste recordar, ya que he pasado por situaciones que siempre he preferido olvidar…

Una de mis primeras vivencias, fue la que sucedió cuando tan solo tenía diez años, y a mi familia y a mí, nos tocó vivir en la calle, durante un mes y medio, en una tienda de campaña. Después, estuvimos varios meses viviendo en un coche.

Cuando cumplí 12 años, conseguimos salir de esta situación. Vivíamos en un pueblo cerca de Valencia, y los dueños del piso nos estafaron y nos vimos de nuevo en la calle. Esta vez, solo fueron dos días porque nos dieron alojamiento en un albergue de la ciudad durante tres meses. Con el tiempo nos tuvimos que ir de allí, y la única solución que le dieron a mi familia, fue que tanto mis hermanas como yo, fuéramos a un centro de menores. Allí estuve hasta los dieciocho años, pero me fue muy mal. No hacía más que maldades, no iba al instituto y me enganché a las drogas. Cuando salí del centro, me dijeron que volviera con mis padres, pero en ese momento, tanto mis hermanas como yo, les odiábamos por habernos dejado en un centro. Aun así, viví con ellos un tiempo y comenzaron los problemas en casa. En una ocasión, intente robar a mi madre y ella me denunció. Me pusieron una orden de alejamiento y me quedé en la calle.

Mi hermana mayor me ayudó mucho. Me acompañó a pedir ayuda a los servicios sociales. Allí nos recordaban por la situación familiar que vivimos en nuestra infancia, y me dieron alojamiento en un albergue de la ciudad, al que le tengo mucho aprecio, porque la verdad me ayudó mucho. Al poco tiempo me ofrecieron ingresar en un centro que tiene Cáritas, que se llama Mambré.

Allí inicié el programa de atención integral y estuve casi dos años. Fue duro, pero conseguí adaptarme. Estuve en una vivienda de autonomía e incluso comencé a trabajar en una empresa de inserción. Todo iba bien, pero tuve una recaída y todo se fue al traste y acabé de nuevo en la calle.

Caí en una depresión y volví a caer en la droga. Estuve de nuevo tres años en la calle, buscándome la vida como bien podía, con mis habilidades. Pero yo veía que no avanzaba y estaba estancado en un bucle. De casualidad, me encontré con la gente de Mambré, que me ofrecieron de nuevo, volver a su centro. No me lo pensé dos veces, volví al centro e inicié el programa de nuevo. Pero algo no iba bien… empecé a oír voces en mi cabeza… Lo pasaba muy mal todos los días, y por culpa de mi inestabilidad me tiraron del albergue y no pude continuar en el programa, desaparecí. Me quedé de nuevo en la calle, sufriendo brotes psicóticos. Al cabo de 6 meses, volví a solicitar plaza en el albergue y de nuevo fui a Mambré. Entonces todo fue mejor.  Desde el Centro Mambré me ayudaron a llevar mi tratamiento médico y después de un tiempo, solicité valoración de discapacidad.

Actualmente, tengo reconocida, un 65% de minusvalía. He pasado los dos últimos años en Mambré y he podido estabilizar mi vida. Me ayudaron a rehacer mi relación con mi hermana, y en la actualidad vivo con ella y su familia, y estoy feliz. Tengo una sobrina que cuido habitualmente, y de esa manera, ayudo a la familia en el día a día.

A veces pienso que habría sido de mi vida, si no hubiese tenido que vivir mi infancia en el centro de menores, y hubiese podido permanecer en casa con mi familia.

Complemento al testimonio de Sergio desde el enfoque de la prevención

El testimonio de la vida de Sergio, recoge claves importantes que revelan intervenciones carentes de prevención, que desgraciadamente vemos con cierta frecuencia, en las situaciones de sinhogarismo.

Desde la niñez, tanto Sergio como su familia, se enfrentan a múltiples situaciones de pérdida del hogar. Sólo con diez años, vive la primera situación traumática que supone quedarse sin hogar. En su caso, hasta en dos localidades distintas, la red de atención de base de los servicios sociales municipales, no logra evitar la exclusión residencial que sufre esta familia.

Son imprescindibles medidas y programas que cuenten con los resortes y potencialidades que tienen las personas y/o familias, antes de caer en la exclusión más severa.  Es por ello, que la detección temprana, tanto desde los servicios sociales municipales, como desde las entidades sociales con implantación comunitaria, son fundamentales.

Tras el tiempo pasado en la calle, Sergio y su familia, acaban finalmente en un recurso de emergencia, como alternativa al sin hogarismo. Este tipo de recursos, si bien son necesarios, deben ser puntuales y sólo alternativos temporalmente, a otras respuestas más integradoras. Es importante que, una vez han fallado los mecanismos de protección, se evite la cronicidad y se busquen alternativas que ayuden a las personas y/o familias a integrase en un espacio comunitario integrador y favorecedor de la autonomía.

Tras la estancia en este recurso de emergencia, la solución al sinhogarismo de la familia, pasa por desmembrarla, siendo así posible el alojamiento de los miembros menores, en centros especializados. La ruptura familiar, no debe ser nunca, una alternativa posible para darle solución al sinhogarismo de una familia.

El paso por el centro de menores, y la ausencia de vínculos y redes de apoyo, supuso la caída inevitable de Sergio en el sinhogarismo, a su salida del centro. Es importantísimo cuidar la salida de centros de protección, especialmente cuando no existen para la persona, vínculos fuertes y redes de apoyo.

Una vez en la calle, comenzó el trasiego de centro en centro, de recurso en recurso, y de recaída en recaída. La exclusión residencial acarrea inevitablemente la salida de todos los sistemas de protección social. Así sucedió en el caso del sistema sanitario, que no supo diagnosticar de manera precoz, su enfermedad mental.

También desde las entidades sociales, debemos ser críticos en los itinerarios de acompañamiento que realizamos, generalmente de manera coordinada con otros. Incluso cuando Sergio accedió a nuestro programa de atención integral, no fuimos incapaces, entre todos (administraciones públicas y entidades sociales), de prevenir y sostener las recaídas, de manera que Sergio, no volviera al sinhogarismo. El sistema de atención está pensado, para que en caso de que te vaya mal, y quieras volver, tengas que hacerlo desde “la casilla” de salida.

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