Vicente Rivero, coronado por su fidelidad, patrimonio diocesano.

Por D. José Domínguez Pérez. Delegado episcopal de Cáritas Diocesana de Canarias

Siempre fiel a su vocación y a la misión, que la Iglesia le encomendaba. Sincero, acogedor, coherente, con quienes pensaban como él y con quienes discrepaban.

La Verdad, la Justicia, el Amor eran sus caminos, llanos o pedregosos. La Fe enraizada en su corazón, regalo divino, fructificaba en su ministerio fecundo. Asumió con la misma normalidad las insignificantes responsabilidades como las del más alto rango. Recogía con el mismo talante los aplausos o los desprecios, los honores o los vituperios. La mesura, la educación y hasta la diplomacia coloreaban sus actuaciones más arriesgadas. Los gobernantes, políticos, feligreses sinceros o embaucadores de arriba o de abajo; el Obispo de turno o el Vicario Capitular y el Presbiterio; los distintos órganos de corresponsabilidad; toda la gente con que se relacionaba, desde el púlpito, desde el ambón o desde los medios de comunicación, en las entrevistas personales, en las conversaciones privadas o de sobremesa, SIEMPRE encontraban en él a una persona que llamaba a las cosas por su nombre, sin ambigüedades, ni componendas.

Su intenso trabajo pastoral nunca le dispensaba de atender a las prioridades de cuidar todos los detalles de su atención personal, intelectual y espiritual. Cumplidor en las cosas importantes, sin olvidar las minucias.

Valiente para denunciar en privado o en público las injusticias, los escándalos, los atropellos a la dignidad de las personas o de la Comunidad, Civil o Eclesial. Era transparente para vivir, defender, proponer la doctrina social de la Iglesia. La dimensión social de la fe, su compromiso con los pobres, la promoción de los cambios estructurales eclesiales o civiles para mejor servir a la propuesta de Nuestro Señor Jesús, El Evangelio, pertenecían al contenido irrenunciable de su ser y quehacer.

Seguro que Vicente pertenece al mejor patrimonio de nuestra  cultura.

Él prolonga en nuestra vida y en nuestra iglesia diocesana cuantos talentos el señor le confió. Ahora se los ha devuelto, gestionados al cien por cien.

Descansa para siempre en el gozo de tu señor.

En el día de su entierro (27 /09/ 2017), con todo mi cariño y gratitud.

Tu hermano, amigo y discípulo, José Domínguez Pérez, Presbítero.

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