Un día para compartir

Casi 200 agentes de Cáritas compartieron hoy sábado, 20 de octubre, una jornada de conocimiento, risas, baile, reflexión y mantel. Desde primera hora de la mañana y hasta las 17.00 horas, se presentaron en el colegio teresiano Enrique de Ossó, en la Medianía, en Telde, para estrechar lazos personales a través de talleres y diferentes actividades. El día permitió que muchos de los participantes retomaran el contacto que se ha ido creando a través de los cursos y reuniones que se mantienen durante el año, y conocer a nuevas personas que luchan por una sociedad más justa desde distintos puntos de la diócesis de Canarias.

 

 

La jornada comenzó con la presentación de los diferentes arciprestazgos representados a través de corazones que contenían valores, ideas y acciones que que les identificaban. Justicia, trabajo, ilusión, atención, acogida, dignidad, personas y amor, fueron algunas de las palabras que más se repitieron durante esos minutos.

Pero si algo quedó claro a primera hora de la mañana es que Cáritas cuenta con una red de voluntariado que va desde la costa hasta la cumbre recorriendo todos los municipios de Gran Canaria, ya que al celebrarse el encuentro en esta isla, la representación fue abrumadora.

No obstante también se hicieron presentes las diferentes realidades de injusticia social que vivimos y las dificultades con las que cada día se encuentran los agentes para poder llevar a cabo el trabajo.

Los talleres ocuparon también una parte importante de de la mañana. Risoterapia, baile y relajación fueron los tres talleres entre los que se repartieron los participantes en el encuentro.

Todos los talleres hicieron honor a sus nombres. Rieron los de risaterapia, se relajaron los que entraron en el espacio destinado a la relajación y bailaron los que se pudieron entrar en el taller de baile. Bachata, merengue o cha-cha-cha compaginaron sus ritmos con las risas que provenían del taller de risoterapia, mientras que, como era lógico, de la sala de relajación no salía más sonido que el silencio.

Durante la hora de la comida, los grupos compitieron entre sí por la presentación de los manjares sobre la mesa. Ganó la tortilla por goleada, aunque no faltaron las ensaladas, los bocadillos, los salpicones, la pasta y las croquetas y albóndigas. Pero el resto se echó en los postres, especialmente los queques: de chocolate, de fruta, de manzana…

Todo se compartió y se disfrutó dentro del mejor ambiente, aunque no hubo tiempo para la siesta, ya que de inmediato se pasó a las actuaciones que diferentes arciprestazgos habían preparado.

Teatro, canciones y recital de poesía fueron las expresiones artísticas elegidas por quienes se subieron al escenario, que emocionaron en unos casos y que divirtieron en otros. Al final, los aplausos fueron una clara manifestación del reconocimiento al esfuerzo de los artistas por parte del público.

La mañana se cerró con la celebración de la Eucaristía, que no sólo sirvió para celebrar juntos el encuentro entre creyentes sino que también para compartir inquietudes, deseos y un momento de oración.

No hubo despedida sino un «hasta pronto», ya que está previsto que se vuelvan a encontrar antes de que termine el año. De momento, la solidaridad y el cariño mostrado permiten que se haya salido «con las pilas cargadas», como dijeron muchos de los participantes antes de partir.

 

 

 

 

 

 

Por orden de publicación, un momento de una obra de teatro del grupo de Agüimes, curas acompañantes, un momento de la dinámica de presentación durante la mañana y, cerrando la página, imágenes de los distintos talleres.

 

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