Comunicado por el Día de oración y reflexión contra la trata de personas

El próximo 8 de febrero les invitamos a celebrar la Jornada Mundial de Reflexión y Oración contra la Trata de Personas, recordando especialmente la vida de Santa Josefina Bakhita, nacida en 1869, secuestrada a los 9 años, golpeada y vendida cinco veces como esclava en mercados de Sudán, su historia de superación es un canto a la esperanza en tiempos de desolación y oscuridad.

La Trata de Personas es definida en el Protocolo de Palermo como el reclutamiento, transporte, traslado, acogida o recepción de personas, bajo amenaza o por el uso de la fuerza u otra forma de coerción, fraude, engaño, abuso de poder, o recibir pago o beneficios para conseguir que una persona tenga bajo su control a otra persona, con el propósito de explotarla. Las entidades que trabajamos acompañando la trata con fines de explotación sexual consideramos fundamental que se entienda la trata como un delito, una grave vulneración de los Derechos Humanos y un gigantesco negocio.

Para comprender la trata, debemos partir de un capitalismo sin reglas que convierte a personas en mercancía, de un sistema perverso que se nutre en su mayoría de mujeres y niñas en situación de extrema vulnerabilidad y en un contexto de absoluta violencia hacia la dignidad de la mujer. La experiencia nos indica que la prostitución y la trata están estrechamente vinculadas; la primera, es el escenario donde proxenetas y tratantes pueden llevar a cabo la explotación sexual, convirtiendo a los demandantes de este tipo de servicios en cómplices. Así, el lema escogido este año para celebrar esta jornada es Economía sin trata de personas, inspirado en la carta encíclica del Papa Francisco Fratelli Tutti, que aporta el marco propicio y las bases para un sistema económico justo y sostenible, donde no haya lugar para la trata de personas ni la  explotación.

La situación provocada por la actual pandemia ha contribuido a agravar aún más una situación que ya era insostenible: aumento de los riesgos en la salud, proxenetas que sacaron mayor rentabilidad, demandantes que aprovecharon para someter a mayores vejaciones y prácticas de riesgo a bajos precios, las ayudas públicas no contemplaban este perfil de mujeres en estos contextos de especial vulnerabilidad, mujeres que quedaron confinadas en los pisos y clubs donde ejercían la prostitución pagando las habitaciones y aumentando la deuda con proxenetas o prestamistas por no ejercer, mujeres desalojadas de clubs sin tener a dónde ir, etc. Así, aquellas mujeres que habían conseguido un trabajo en limpieza, cuidado de personas mayores o en hostelería, lo han perdido.

Las mujeres que sobreviven a este delito pasan por un duro proceso de reparación del daño. Muchas de ellas, al igual que Santa Bakhita, nos demuestran esa gran capacidad para superar las circunstancias adversas y el daño ejercido sobre ellas. Pero la esperanza necesita ir acompañada de respuestas reales que se traduzcan en garantía de derechos, principalmente en empleo, renta, vivienda y salud. Todo ello debe ir acompañado de educación en igualdad, con especial hincapié en la reconstrucción de la sexualidad y de la masculinidad hegemónica. Llegar a la abolición de este tipo de delitos requiere una modificación de las leyes de extranjería que perpetúan esta forma de explotación y que contribuyen a la precaria situación de las mujeres extranjeras en situación irregular.

Desde este marco invitamos a la sociedad en general a reflexionar sobre esta realidad y queremos recordar la responsabilidad del Estado en la protección de estas mujeres, la persecución del delito y la prevención del mismo. Se trata de avanzar en la construcción de una sociedad más justa, equitativa, acogedora y protectora desde los Derechos Humanos.

Firmado por Cáritas Diocesana de Canarias, Programa de Atención a la Mujer Daniela – Oblatas y Pastoral de Migraciones de la Diócesis de Canarias.

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