La parroquia de San Francisco de Asís se compromete con la realidad de Senegal

El programa de Inmigrantes de Cáritas Diocesana de Canarias llevó hasta la comunidad de la parroquia de San Francisco de Asís la realidad de la vida en Senegal. Dentro de la campaña de Cuaresma, la treintena de participantes concluyeron la importancia de las comunidades parroquiales y su papel como agentes activos en el apoyo de proyectos que tienen lugar en lugares diferentes al que se desarrolla la acción directa de la comunidad, no solo desde el puntos de vista financiero sino que también desde la sensibilización, trasladando realidades aparentemente lejanas al entorno cercano, y asumiendo la responsabilidad que tenemos como comunidad universal.

 

 

En un ambiente participativo y dinámico, las personas asistentes reflexionaron sobre las diferencias entre las realidades que se viven en el entorno cotidiano y las que tienen lugar en un territorio no muy lejano, como es Senegal.

Entre las cuestiones planteadas, una de las más significativas fue la diferencia existente entre la cara de los niños y niñas senegaleses y los que viven en la sociedad más desarrollada económicamente como Canarias. En este sentido se apuntó como en un entorno más empobrecido, los menores transmitían una mayor alegría y esperanza, mientras que en la realidad más próxima, los niños y niñas basan cada vez más su felicidad en lo material.

La charla finalizó con una reflexión cuaresmal basada en algunos fragmentos del mensaje del Papa Francisco para este tiempo, y que fueron los siguientes:

«…La Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él.

…Y puesto que estamos unidos en Dios, podemos hacer algo también por quienes están lejos, por aquellos a quienes nunca podríamos llegar sólo con nuestras fuerzas, porque con ellos y por ellos rezamos a Dios para que todos nos abramos a su obra de salvación.

…Toda Comunidad Cristiana está llamada a cruzar el umbral que la pone en relación con la sociedad que la rodea, con los pobres y los alejados. La Iglesia por naturaleza es misionera, no debe quedarse replegada en sí misma, sino que es enviada a todos los hombres.

…Podemos ayudar con gestos de caridad, llegando tanto a las personas cercanas como a las lejanas, gracias a los numerosos organismos de caridad de la Iglesia. La Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro, con un signo concreto, aunque sea pequeño, de nuestra participación en la misma humanidad…».

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