Más de 250 personas vinculadas a Cáritas Diocesana de Canarias se reunieron para estrechar lazos de amistad

Más de 250 personas vinculadas a Cáritas Diocesana de Canarias a través de las parroquias, programas o Servicios Generales, se reunieron el sábado 25 de octubre en el colegio Jesús Sacramentado, en Gáldar. Allí, a través de talleres, el tiempo de la comida y la Eucaristía, todos los agentes tuvieron tiempo para estrechar lazos de amistad, de encontrarse y de reencontrarse. Una jornada que deja pilas cargadas para los próximos meses.

 

 

Tras la bienvenida y antes de que se pusieran en marcha los talleres preparados para la mañana, todos los asistentes mantuvieron un momento de recogimiento y de oración compartida, y con una acto muy sencillo, se identificaron los diferentes arciprestazgos, con un recuerdo especial a los de Fuerteventura y Lanzarote que, en esta ocasión, no pudieron estar presentes.

Al tratarse de un encuentro destinado a compartir el tiempo de ocio, pero favoreciendo el crecimiento de las relaciones personales entre agentes que hacen posible una institución como Cáritas, los talleres propuestos estaban encaminados precisamente a favorecer este conocimiento personal, más allá que el que de forma cotidiana se tiene.

Las temáticas elegidas, pues, fueron el baile, la risoterapia, la relajación, la expresión corporal y manualidades. Para nadie se quedara con las ganas de participar en uno o en otro taller, se organizaron tres sesiones de cada uno de ellos, y aunque casi todos los asistentes pudieron participar en la mayoría de ellos, hubo quienes se quedaron con ganas de seguir el día y repetir talleres.

Prueba del gran ambiente que se pudo vivir son las imágenes que acompañan esta información, ya que basta con ver las caras de felicidad que muestran en cada una de ellas.

La comida, una vez más, fue el espacio que sirvió para compartir las habilidades culinarias de todas las personas que acudieron a este encuentro. No faltaron ensaladillas que compitieron en excelencia, empanadillas caseras de intensos sabores y, como no, una variedad de postres casi infinita.

La misa sirvió para recordar nuestro papel en la sociedad de la que somos parte, y fue el preámbulo de la despedida de los asistentes, que no fue un «adiós» sino un «hasta pronto».

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